REVISTA

Último número
Números anteriores

1 2 3
 
4 5 6
 
7 8 -

Jefe de Redacción:

José Méndez

Comité de redacción:

Belén Alarcó
Santos Casado
Manuel Rodríguez Rivero
Salomé Sánchez

Fotógrafos:

Joaquín Amestoy
Alfredo Matilla

Corrección de textos:

Antonia Castaño
Lola Martínez de Albornoz
Salomé Sánchez

Diseño:

Área Gráfica

Maquetación:

Natalia Buño
Celia Gª-Bravo

Fotomecánica:

DaVinci Impresión:
Artes Gráficas Luis Pérez

Depósito Legal:

M. 4.793-1997

Edita:

Amigos de la Residencia de Estudiantes
Pinar, 23. 28006 Madrid.
Tel.: 91 563 64 11
Copyright©1999
Fundación Residencia de Estudiantes

Una obra por investigar

Cristóbal Halffter

Alrededor de la República, con el movimiento cultural conocido como Generación del 27, España vivió un momento de esplendor en todas las artes. La influencia del 98, de la Institución Libre de Enseñanza, así como la continuidad de ambas representada por la Residencia de Estudiantes, favoreció ese esplendor del cual dichas instituciones fueron receptoras y protagonistas. Muchos escritores y artistas crearon entonces lo más valioso de su obra, entre ellos mi tío Ernesto Halffter.

Después vino la tragedia de la guerra, y en ella es esta generación la que más sufre. De ese sufrimiento son un ejemplo los hermanos Ernesto y Rodolfo, porque, además de las penalidades del período, ejemplifican —como tantos otros— la división del país: vivió cada uno en distinta zona de guerra. Y de esta realidad fortuita hay quien ha querido sacar conclusiones interesadas, al ser ambos primeras figuras de la cultura. En mi opinión, todo creador es de izquierdas, pues la derecha representa el pragmatismo y la izquierda la utopía. Y un creador pragmático —aunque existen— carece de interés. Ninguno de los dos fue militante de ningún partido.

El exilio y sus circunstancias terribles dan como resultado una cierta paralización de las vanguardias. En esa situación Ernesto vuelve su mirada hacia atrás, hacia Ravel, hacia un tipo de música más impresionista, y se olvida de quienes hasta entonces habían sido sus guías: Stravinsky y Bartók. Este movimiento de repliegue es humanamente muy comprensible, porque mantener una posición de vanguardia, de ruptura, cuando a nuestro alrededor se están rompiendo vidas, es muy difícil. Como paradoja habría que recordar que es en el exilio mexicano cuando Rodolfo escribe una de sus obras más alegres, Concierto para violín, vinculada a un cierto españolismo, para decantarse a renglón seguido por una música mucho más avanzada. Sin embargo, Ernesto, en su medio exilio entre Lisboa y Madrid, se mantiene en atmósferas de retaguardia. Aclaro que éstos son puntos de vista estéticos que nada juzgan del valor de las obras, ni de ninguna ética política. Hacen referencia a una situación anímica que paralelamente se puede observar en otros compositores como Bautista, Bacarisse o Gerhard.

Por otra parte, Ernesto atraviesa una crisis de crecimiento cuando se enfrenta a la tarea de finalizar Atlántida. Una decisión de nobleza y de entrega a su maestro que aún no se le ha reconocido, y con la cual hace, en mi opinión, un daño gravísimo a su propia producción, ya que aquel trabajo fue tan meticuloso que le impidió concentrarse en el propio e informarse del entorno estético.

Tarea de musicólogos

Concluida Atlántida, Ernesto escribe obras de grandísimo valor, pero todas ellas directamente influidas por el pensamiento musical de Falla. En esta época estaba más cerca de su maestro de lo que había estado en el principio de su producción en los años 20. El último Falla no restaba valor estético a la producción musical, pero lamentablemente, anulaba el acento, el color personal de Ernesto Halffter. Por lo apuntado hasta ahora, estamos ante una evolución artística muy singular, y aún muy metida en sombras. Desde aquí propongo a tantos valiosos musicólogos como existen hoy que se olviden por un momento de si Juan del Encina tenía demasiados problemas de garganta, y se acerquen a este compositor, quizás tan cercano que impide ver la cantidad de luz que irradia.

Mi relación personal con él siempre fue de admiración total, y lo sigue siendo. Naturalmente, tuve que romper estéticamente con él, tuve que pensar de acuerdo con mi generación, y esto a un Ernesto en la última época de su vida no le pareció del todo bien, por lo que hubo un cierto alejamiento. Algo que me parece natural, dado su carácter. Rodolfo, sin embargo, comprendió perfectamente que vivíamos épocas diferentes, quizás porque ejerció de profesor mucho tiempo y estaba habituado a que la juventud tuviese conceptos distintos a los suyos. Ernesto vivió siempre alejado de la juventud, excepto de aquella que no era «joven».

La gran obra de Ernesto Halffter no es aún demasiado conocida. Tendremos que enfrentarnos seriamente a la edición crítica de sus obras: con el conocimiento de los originales, de los apuntes. Es ésta una labor importantísima que dará a la cultura española muchísimos días de gloria.